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¿Y tú qué sientes?

 

Las emociones positivas y las negativas son diferentes pero ambas igual de imprescindibles. Toda emoción tiene una función adaptativa y favorece la interacción con el entorno, por eso son necesarias para responder de forma óptima a las necesidades de la vida. Las emociones positivas complementan a las negativas, siendo igual de importantes en la evolución del ser humano.

 

Además, las emociones de los seres humanos no son extremas, es decir, positivas o negativas, si no que, en la mayoría de los casos se produce una suma de ambos tipos de emociones. Y entonces hablamos de las emociones compuestas.

 

 

Las emociones positivas producen múltiples beneficios (bioquímicos, sociales, de salud, etc.), y la evidencia demuestra que aún en las situaciones más míseras, el ser humano puede ser feliz. En condiciones adversas, las emociones positivas ayudan a paliar los efectos negativos de esas circunstancias y también ayudan a madurar a la persona.

 

Pero se plantea una cuestión, ¿las emociones positivas intensas, mejoran nuestra atención y rendimiento o, más bien, sesgan y obnubilan nuestra mente?

 

“Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”

 

John Locke (1632-1704)

 

         Fuente: E.G. Fernández-Abascal (2009). Emociones positivas. Madrid: Pirámide

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