Todos nacemos sin aprendizajes. Nuestra genética y el ambiente en el que nos desarrollamos determinarán nuestro comportamiento y finalmente nuestra Personalidad en la edad adulta.

 

Cuando aparece un problema de conducta en un niño, hay que averiguar si se trata de un problema (a) de origen ambiental o (b) de origen orgánico.

 

En el primer caso, el pronóstico es más favorable siempre y cuando las variables ambientales (VVAA) cambien. No tienen por qué darse problemas en otras áreas cognitivas.

 

En el segundo caso, el pronóstico es más difícil de determinar, pero igualmente será indispensable el control de las VVAA. El problema de conducta suele ir acompañado de dificultades a otros niveles cognitivos, principalmente en funciones ejecutivas, que suelen pasar desapercibidos. Pocas veces se puede objetivar mediante pruebas neurológicas.

 

Un diagnóstico diferencial y una adecuada intervención impedirán que el comportamiento del niño empeore y que los adultos que le rodeen se sientan indefensos.  Si esto no se lleva a cabo, se pueden acabar adjudicando distintas etiquetas para explicar lo que le ocurre, y esta vez me quiero centrar en el Trastorno Negativista Desafiante, aunque cualquier etiqueta va a desmoralizar a los padres y estigmatizar al niño. ¿Cómo se diagnostica este trastorno? Copio literalmente del DSM-5:

 

F.91.3 TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE (313.81)

 

A. Un patrón de enfado/irritabilidad, discusiones/actitud desafiante o vengativa que dura por lo menos seis meses, que se manifiesta por lo menos con cuatro síntomas de cualquiera de las categorías siguientes y que se exhibe durante la interacción por lo menos con un individuo que no sea un  hermano:

 

 

Enfado/irritabilidad

  1. A menudo pierde la calma

  2. A menudo está susceptible o se molesta con facilidad

  3. A menudo está enfadado y resentido

 

Discusiones/actitud desafiante

  1. Discute a menudo con la autoridad o con los adultos, en el caso de los niños y los adolescentes

  2. A menudo desafía activamente o rechaza satisfacer la petición por parte de figuras de autoridad o normas

  3. A menudo molesta a los demás deliberadamente

  4. A menudo culpa a los demás por sus errores o su mal comportamiento

 

Vengativo

  1. Ha sido rencoroso o vengativo por lo menos dos veces en los últimos meses

 

Nota: Se debe considerar la persistencia y la frecuencia de estos comportamientos para distinguir los que se consideren dentro de los límites normales, de los sintomáticos.  (…)

 

Mi conclusión es que cualquiera puede ser perfectamente capaz de generar este trastorno en un niño. Diferentes experimentos de Psicología Social demuestran cómo cambia el comportamiento de personas adultas según el contexto (recomiendo leer sobre el experimento de la cárcel de Stanford, la teoría de las ventanas rotas, el experimento de Milgram, de Asch…). Aunque tampoco hace falta irse a los experimentos sociales, todos sabemos que no nos comportamos de igual manera en el trabajo, en una fiesta o en casa con la familia.

 

Si es posible un cambio de comportamiento tan radical en una persona adulta, mucho más lo es en un niño, cuya Personalidad –Cerebro-se está desarrollando.

 

Todo comportamiento responde a unas variables ambientales, pero no siempre de forma exclusiva. Por eso, hay que analizar la causa y ver qué otras variables están asociadas para poder entender el cuadro clínico y no se atribuya intencionalidad al niño que se porta mal. 

 

Pero los niños no son malos y hacerles responsables de su problema de conducta es como hacer responsable a un niño con dislexia de su problema de lectura. Será siempre algo completamente injusto.

 

 

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